LA CONTINUIDAD DEL RENDIMIENTO DE LOS JÓVENES TALENTOS, PARADOJA DE NUESTRO DEPORTE
Por Juan Manuel García Manso
Profesor de Teoría y Práctica del Entrenamiento Deportivo y Director del Departamento de Educación Física de la Facultad de Ciencias de la Educación Física y el Deporte de la ULPGC

La importancia del deporte de competición es un hecho que se manifiesta, día a día, con el auge que tienen diferentes modalidades deportivas o eventos internacionales en el ranking de interés de los medios audiovisuales y sus usuarios. Los países, con independencia de su ideología política o nivel de desarrollo, tratan de incorporarse a la lista de participantes, o mejor, de ganadores, de aquellas disciplinas que mayor resonancia tienen a nivel internacional.

 

El deporte adquiere de esta manera una magnitud que sobrepasa el plano de lo secundario, de lo accesorio, de lo prescindible, transformándose en algo que adquiere la dimensión de lo intercultural, lo necesario, lo correcto. Se convierte en algo que, por su propia esencia y transcendencia, es solicitado por miembros y dirigentes de cualquier sociedad que busque el máximo bienestar de sus ciudadanos.

 

Para lograr tal propósito las naciones buscan aquellas personas que, por su interés o condición, puedan representarlos en el concierto deportivo con un mínimo de garantías de éxito. Hablamos de las élites deportivas, es decir, personas que reflejan, a través de su esfuerzo, su dedicación y, por supuesto, apasionamiento, lo mejor de si mismos al servicio de una comunidad.

 

El enorme desarrollo experimentado por el deporte durante los últimos años hace que estas personas no puedan ser el fruto de la improvisación o la casualidad. Cada vez más, entrar al mundo de la alta competición es más complejo y difícil de alcanzar por aquellas personas, instituciones o estados que lo pretenden lograr. Sólo quienes posean las condiciones adecuadas (talento) y la voluntad necesaria estarán en condiciones de conseguirlo.

 

Será responsabilidad de las instituciones deportivas, públicas y privadas, crear el entorno adecuado que permita a nuestra juventud poder alcanzar tan importantes metas. La construcción de instalaciones específicas, su dotación con los materiales más sofisticados, la creación de modernas estructuras organizativas y, sobre todo, la formación y desarrollo del adecuado potencial humano (deportistas y técnicos), serán las llaves del éxito pretendido. Sólo haciendo realidad un proyecto bien estructurado y planificado, nuestros jóvenes deportistas podrán hacer posibles sus sueños y los deseos de una sociedad que, cada vez con más insistencia, lo demanda.

 

España en las dos últimas décadas ha pasado a ser uno de los países más desarrollados del concierto deportivo mundial. Sus instalaciones, sus técnicos y sus deportistas son ejemplo reconocido en todos los ámbitos deportivos. Canarias, en particular, ha aportado, en la medida de sus posibilidades, grandes deportistas a lo largo de la historia, pero cualquiera se da cuenta que existe una paradoja que caracteriza al deporte de nuestras islas.

 

Mientras los éxitos deportivos suelen ser frecuentes entre nuestros más jóvenes deportistas (cadetes, juveniles, júniors y promesas), el nivel de rendimiento desciende significativamente entre los participantes en categorías superiores. Esto es una realidad incuestionable, siendo responsabilidad de nuestros dirigentes deportivos analizar la situación y buscar las soluciones más adecuadas que mejor se ajusten a nuestra realidad social, económica y cultural. Si disponemos de la materia prima adecuada, es un derecho de nuestros jóvenes desarrollar ese talento de que disponen.

 

El camino se ha iniciado, sólo queda recorrerlo. Para ello se necesita la ilusión, la dedicación y el esfuerzo de nuestros jóvenes, así como el apoyo y profesionalidad de todas aquellas personas involucradas en tan ilusionante proyecto. Como dice los versos "caminante no hay camino, se hace camino al andar" (A. Machado).